Hay pocos aromas tan reconfortantes como el de unas galletas horneándose lentamente. Ese perfume dulce que invade cada rincón de la casa y despierta recuerdos de meriendas tranquilas y vasos de leche fría.
Las galletas siempre han sido una de mis debilidades. Sencillas, con pocos ingredientes, fáciles de llevar a cualquier sitio y perfectas para mojar… o para disfrutar solas, sin más.
Hoy he querido preparar unas galletitas de canela y anís. Sabores de siempre, tradicionales y humildes, pero llenos de carácter. Adaptadas a lo que necesitaba en casa, con harinas más rústicas que les aportan un toque especial y una textura crujiente irresistible.
De mi horno salen estas pequeñas delicias doradas, con los bordes ligeramente tostados —como a mí me gustan— y ese aroma especiado que invita a probar una… y otra más.
De sabor profundo y crujientes, de esas para mojar o disfrutarlas solas….
Ingredientes:
- 160 g de mantequilla sin sal temperatura ambiente
- 80 g de azúcar integral
- 1 huevo
- pizca de sal
- 100 g de harina de teff
- 200 g de harina integral de centeno
- 2 cucharaditas de canela en polvo
- 2 cucharaditas de anises
Calentitas están deliciosas, no lo voy a negar, pero cuidado con la tripita
Cuéntame… ¿cómo huele tu cocina cuando las prepares? ¿Las mojarás en leche o caerán solas, una tras otra?
Consejitos extra
Más aroma de anís: si machacas ligeramente los anises en un mortero antes de añadirlos, liberarán más aroma.
Más crujientes: estira la masa un poquito más fina y deja que los bordes se doren bien.
Más especiadas: una pizquita de jengibre o nuez moscada combina genial con la canela.
Para conservarlas: guárdalas en un recipiente hermético cuando estén completamente frías; al llevar centeno, aguantan muy bien varios días.





1 Comments
Unas galletitas de lo más añorables, creo que ese es un sabor peculiar de las casas de las abuelas. Un beso
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